esta es mi vida

Saturday, October 29, 2005

Capítulo IV

Ayer fui a firmar al paro. No entregué todos los papeles que me pedían (mi currículum, la fotocopia de la carta de despido, etc) así que para escaquearme como siempre firmé en el hall, en vez de subir a la oficina del asistente que me tiene a su cargo. Por si tenía que afrontar el hecho de que se nieguen a pagarme. La verdad es que no he echado la solicitud para pedir el sueldo del paro, ni siquiera he pedido a mis ex jefes que me envíen los papeles necesarios. Como ya he dicho, llevo meses sin moverme de casa, con una depresión de caballo, saliendo apenas para firmar éso y nada más, aunque pasara hambre. Se me está acabando el dinero del banco. Ayer habían 5 cartas del banco en mi buzón, pero aún no las he abierto, no quiero enfrentarme con la realidad de que ya no tengo dinero y ni siquiera he pedido el sueldo del paro. No sé por cuánto tiempo más podré vivir en este apartamento, cuánto tiempo más podré pagarlo o podré comer. No sé si en pocas semanas me espera una mudanza por la fuerza en la que por falta de medios para llevármelos (dónde...?) tendré que dejar los aparatos que compré para mi casa, mi ropa, mis enseres. Supongo que antes de despedirme de todo ésto haré una limpieza para que no se encuentren un basurero al entrar en mi casa.

Aunque quizá no, quizá al final haga los papeles del paro y me den ese sueldo; siga viviendo en esta casa durante otro año más o de manera indefinida, sufriendo una y otra vez la misma situación, como atrapada en una película que repite la misma secuencia.

Tengo 30 años; desde los 21 no vivo, todo se paró en seco, mis estudios, mis pensamientos, mi vida entera, hasta dejé de leer. Antes de los 21 ya estaba bastante parada pero yo seguía soñando, y gracias a mis sueños seguía mis estudios, pensando en que algún día me llevarían a la salvación. Pasé muchas penurias y me esforcé mucho, yo era la más inteligente de la clase y la que mejores notas sacaba; pero todo se fue a la mierda, no tengo una carrera acabada, y ahora a mis 30 años habiando vivido esta mierda de vida, supongo que ya no tengo tampoco esperanza de que mi situación cambie.

Como para firmar el paro tuve que salir de casa, por fin ayer me lavé, me puse ropa limpia, e hice una gran compra en el supermercado, reuniendo las pocas fuerzas y ganas que me quedaban. La consecuencia de todo ello es que ahora estoy en la misma situación que en el Capítulo I, pero limpia. Mi pelo está limpio, recogido con una coleta, mi cuerpo no huele a nada malo, mis bragas y mi sujetador están limpios ambos. Ayer y hoy he comido sin parar, me he alimentado y me he nutrido. Compré leche y ya bebí un litro entero para corregir la posible carencia de calcio. Tengo botes de vitaminas nuevos y una magnífica provisión de comida en el carrito que llevo al supermercado y que vaciaré a medida que la vaya comiendo. También ayer por fin saqué las bolsas de basura que estaban amontonadas en mi hall, y vacié el frigo de la comida podrida que llevaba ahí varias semanas ya, apestando a muerto cada vez que lo entreabría para meter algún resto de comida y que se conservara al fresco.

Al estar limpia y haber salido de casa me siento mucho mejor, quizá pueda reunir fuerzas y pensar en mi situación, quizá pueda arreglar algo o tener un poco de consuelo en mi depresión. Si el cáncer viene por la tristeza yo me lo estoy ganando a pulso desde hace años. Mi tristeza es tal que se puede palpar, es un muro imposible de franquear, pesa y es materia. Tiene su propia historia, que es más importante que la mía propia.

Con el estómago lleno, sintiéndome limpia, miro a mi alrededor con otros ojos. Quizá pueda moverme y retirar esa ropa sobre la mesa que lleva depositada ahí varios meses, acumulando polvo. Quizá en otro movimiento pueda recoger todos los botes y briks de basura que hay en un rincón del suelo, junto a mi cama. Quizá pueda ordenar todos los cachibaches que hay sobre mi cama, tirar todas las porquerías y restos de periódicos viejos. Quizá reuna fuerzas para limpiar el baño, quizá la cocina. Quizá ponga la lavadora y lave las sábanas. Y después? Después vuelta a empezar, encontrarme de nuevo con mi nada y mi depresión. No tener nada que hacer; enviar currículums y mentir; sufrir al metir y inventarme mi propia vida; sufrir al ver mi soledad; quizá firmar un contrato, si no me muero de sufrimiento antes; quizá volver a empezar este círculo vicioso.

Y si me vuelvo a mi hogar? Después de 10 años fuera, y si regreso? Pero si no tengo fuerzas para ordenar el lugar donde vivo, siquiera para recoger las basuras, cómo voy a tenerlas para dar un cambio tan radical a mi vida? NO TENGO FUERZAS; apenas puedo respirar porque me faltan las fuerzas. Querría morirme pero aún hallo un mínimo de placer en tumbarme y dormir, en no pensar en nada, en comer despacio cualquier manjar traido del super, en navegar por internet y visitar webs, soñando y metiéndome en mil aventuras que me devuelven mi dignidad, que me traen un poco de compañía. Un “hola” de un desconocido por el msn o un foro me devuelve mi dignidad, calma mi soledad. Mi soledad, mi compañera de hace tanto tiempo.

Podría estar otros 30 años así, tirada en mi cama. Y después morir, sin haber vivido.

Capítulo III

Cagar. El momento más importante del día, en el que despierto mis sentidos y pongo mi máxima atención. Es curioso que sea ahora, cuando mi alimentación es absolutamente penosa, cuando le da a mi organismo por funcionar “como un reloj” y llevarme a hacer de vientre varias veces al día. Chapeau. Por algún motivo mientras trabajaba en las empresas esta faceta se me resentía y mi frecuencia era de cada 4 ó 5 días. Hoy por hoy, es de 2 ó 3 por día, y creo que es más sano. Sale duro y consistente, y cada vez me pregunto “pero, qué he comido para cagar tanto?”, con la dieta forzosa que llevo no deja de extrañarme.

El de ahora ha sido consistente pero con un intervalo demasiado fluido, semi diarreico. La culpa? Las vitaminas. Éstas que tomo ahora son de las baratas, que se asimilan peor y con el peligro de que causen diarrea si no se han disuelto bien en el agua por ejemplo. Algo que con las otras, de mayor contenido vitamínico, no sucedía nunca. Me da mucha rabia porque se lleva mi alimento, que por ser expulsado así no me nutre. Y con lo vacío que tengo el frigo y mi imposibilidad psicológica de salir y comprar algo en el supermercado no es algo que me pueda permitir.

En fin, me he quedado a gusto con haber cagado, porque ha sido indicio de que he comido.

Hace un rato quería desahogarme sobre otro hecho, el de mi piel. La piel de mi cara se me seca de una manera extrañísima, parece que tuviera caspa. Se me caen trocitos continuamente, y, últimamente, puesto que llevo mucho tiempo sin usar cremas y su efecto hidratante ha desaparecido por completo, la siento tan reseca, que tengo la necesidad de retirarla con mis propias uñas, rascando con sumo cuidado, para que pueda respirar algo por los poros, que están totalmente tupidos. Tengo, gracias a dios, una exfoliante al lado del lavabo, que uso las raras veces que me lavo el pelo para exfoliar la cara y hacer desparecer todas esas células muertas acumuladas. Por alguna extraña razón la piel tras éso queda bonita y bien. De todas maneras siempre he tenido una piel de la cara horrible, como enferma, con cropúsculos, rojeces, marcas de todo tipo, venas que se transparentan, poros super abiertos y todo acompañado de un color cetrino, de unos labios ultrafinos, de dientes torcidos y feos, donde faltan algunas piezas, de una nariz desproporcionada que crea un perfil desagradable a la vista, de ojos redondos e inexpresivos como los de una vaca que mira al tren pasar, ojerosos y enmarcados por unas cejas excesívamente arqueadas. El conjunto me da cara de gilipollas, de friki al que se desea insultar, debido a mi expresión de tristeza, de ir perdida, de no teenr amigos ni saber hablar, de no osar separar los labios y mostrar mis dientes, mi mirada de miedo, mi comportamiento patético queriendo mostrar superioridad cuando soy una pobre mierda.

Es cierto, la gente me mira primero con sorpresa, luego con inteligencia al darse cuenta de mi cara de estupidez, de perdedora, de pobre friki. Recuerdo, de niña, un día que salí a la calle particularmente bin vestida y orgullosa, y unos chicos al cruzarme por la acera comentaron “mira! Una lolailo!” que era el término usado por aquel entonces para designar a los miserables, feos, gilipollas, pobres vestidos de manera ridícula en los que se adivinaba la realidad de su penosa existencia al mirarles a la cara. Me dio rabia y verguenza de que algún vecino pudiera oirles, de ser humillada así por la calle, de no poder defenderme porque no osaba separar mis labios y que vieran mis dientes, de hacer ni un sólo movimiento que quebrara la frágil pose de normalidad y belleza juvenil MTV que yo intentaba desesperadamente transmitir, sin lamentablemente acercarme siquiera ni de lejos a la normalidad de los jóvenes del barrio.

No es de extrañar que termine mis días encerrada, asustada, neurótica y llorando si alguien por el MSN no me devuleve un saludo. Porque ni por el MSN tengo amigos, ni siquiera mintiendo sobre mi misma, inventándome otra personalidad consigo retener a nadie, y sufro cada día las humillaciones de los bloqueos, el no responder, el que me borren de su lista, el que se inventen excusas tras intercambiar dos frases conmigo, el tener casi 200 contactos conectados y no poder hablar con ni uno solo de ellos.
Se puede tener una existencia peor, ser más miserable? Desgraciadamente aún queda mucho por contar de mi vida, donde las experiencias dramáticas y traumatizantes se han sucedido una tras otra.

Capítulo II

Esta mañana he procedido a un acto valiente. Mucha gente que conozco ha tenido tapones en los oídos y aunque yo nunca he tenido de éso (que yo sepa), he querido hacer algo para prevenirlos. Nunca he sabido cómo limpiarme las orejas y la verdad pensaba que se limpiaban solas al lavarme el pelo cabeza abajo en el lavabo. El agua caliente suele entrar dentro de ellas y derrite algo de cerumen, que aparece frío y seco por las mañanas en el exterior de la oreja, algo que me fastidia porque siempre pienso que la gente puede verlo, y porque tengo serias carencias en cuanto a cuidado e higiene personal y me cuesta librarme de esas cosas. Como hace tanto tiempo que no me lavo el pelo (solía hacerlo cada noche), el cerumen debe estar intacto y quizá se acumula demasiado. Tenía la impresión de que había un exceso, porque al introducir el palillo de algodón salía bastante sucio con trozos de cera grandes pegados.

Cuando vivía en la residencia de estudiantes, mi mejor amiga, Sonia, me pidió un día que le ayudara a acometer una tarea que me pareció pelgrosísima, con la intención de evitar tener que volver al hospital para que le extrajeran tapones de cera de los oidos, algo que ya le habían hecho en el pasado y que por lo visto era doloroso. Ante mis asombrados ojos, sustrajo una cucharilla de café de la cocina de las monjas, junto con un vasito con medio dedo de aceite y los subió a su cuarto. Echó unas gotas del aceite sobre la cucharilla y calentó ésta con un mechero con sumo cuidado. A mi me daba miedo ver que el aceite se calentaba tanto y le pedía que retirara ya el mechero pero ella continuaba con una determinación que no le había visto antes. Cuando juzgó que el aceite estaba suficientemente caliente, inclinó la cabeza horizontalmente y me pidió que derramara el aceite de la cucharilla dentro de su oreja. Yo tenía razón, ya que al estar el aceite tan caliente si se derramaba fuera podía causarle quemaduras, o éso me parecía a mi. Intenté negarme pero ella insistió mucho y al final lo hice, intentando que nada cayera fuera del agujero de la oreja. Luego lo hicimos con la otra. Se quedó muy satisfecha, casi feliz, y dijo “sí, así ya está bien”.

El aceite derritió el cerumen de sus oidos y éso le evitaría (según ella creía) el tener tapones de cera internos.

Así que, esta mañana, muy valiente, yo he hecho lo mismo, al principio con mucho miedo y luego con menos. Es cierto que las orejas se quedan más limpias, aunque creo que debo repetirlo con el aceite mucho más caliente (pero es que siendo la cucharilla metálica enseguida tocas y parece que quema).

Pensaba que ya no quedaba nada de comida en toda mi casa, ni una miserable galleta o bote. Hace ya mucho tiempo que no compro comida suficiente y con tal de evitar como sea el tener que salir de mi domicilio he ido comiendo poco a poco todo lo que iba encontrando por los cajones, fuera lo que fuera. Así, he tenido almuerzos de lo más estrambóticos. Ayer descubrí, cuando miraba por encima lo que había sobre mi cama para hacer el recuento y explicarlo aquí, un bote de medio kilo de garbanzos. Son de los baratos y duros, que tengo que dejar horas y horas en el fuego antes de que sean comestibles, a pesar de que supuestamente ya viene cocinados. Son de la marca más barriobajera del mercado. También me decidí a abrir una bolsa de calamares que lleva años en mi congelador, ya que al menos tengo aceite en casa (aunque no tenga pan para al menos tener algo sólido que llevarme a la boca). Freí unos pocos y me los comí y con éso evité desfallecer pues ya mi estómago y mi cerebro empezaban a negarse a seguir.

Esta mañana me preparé otra segunda tanda de calamares y de nuevo recuperé algunas fuerzas. La bolsa del congelador es enorme y podría perfectamente alimentarme sólo de ella durante una semana.

Lo que sí me quedan son botes de vitaminas, que procuro consumir en las cantidades máximas que mi cuerpo puede aceptar cada día, aunque me cuesta. Cada pastilla cubre el 100% de las necesidades mínimas de una docena de vitaminas pero yo intento tomar hasta 8 o 9 pastillas diarias, porque sé que es mejor para la propia salud no limitarse a las necesidades mínimas, sino mimar al organismo para que sea más fuerte. Lo cierto es que noto su acción benéfica en mis uñas, en mi piel, pelo, y me siento mejor tomándolas. Y es que siempre me he alimentado muy mal, con muchas carencias por no comer frutas ni verduras ni muchos otros alimentos que en mi casa no entraban por considerarlos, debido a nuestra pobreza económica y mental, “superfluos”, lo cual hizo de mi una persona sana pero siempre enclenque y asténica.

Me preocupa haber descubierto en una de mis uñas una gran mancha blanca, de ésas que salen por falta de calcio. Desde que tomo complejos vitamínicos (de ésto hace ya años) no había vuelto a tener ninguna. Me ha hecho pensar que quizá la alimentación tan mala que sigo en mis meses de encierro está haciendo mella en mi organismo pese a los suplementos vitamínicos. El caso es que acabo de recordar que también tengo pastillas de calcio y magnesio en el armario y que podría usarlas. En todo caso la próxima vez que esté obligada a salir de casa para firmar en el paro compraré sin falta leche en el supermercado e intentaré comprar verdaderos alimentos y no los sucedáneos que suelo traer (pepinillos en vinagre, helados, salsas alioli de fábrica, panes para untar con nocilla, etc). Quizá esa mancha sea producto, no de la carencia de calcio por no tomar de éste en las comidas, sino al exceso de algún alimento que ha bloqueado su asimilación por parte del organismo. Recuerdo que cuando me comí el tercer bote de pepinillos en vinagre me desperté sudando hasta por los dedos y pensé que me había pasado comiendo tanto. Quizá el vinagre inhibe la asimilación interna del calcio? Es que no hace tanto que compré varios litros de leche y estuve comiendo grandes botes de queso con cuchara...

Me molesta un poco el estómago, lo siento pesado; y es que las digestiones de estos calamares fritos no son nada fáciles. Me queda un dedo de agua con vitaminas en un vaso. Creo que me apetece dormir un poco hasta acabar la digestión.

Me siento un poco mejor, quizá pueda empezar a pensar en retomar el camino de mi vida, aunque no me veo aún suficiente fuerte ni siquiera para considerarlo. Prefiero dormir un poco y seguir en esta nube, alejada del mundo y de la realidad. Ahora soy feliz. En cuanto piense en mi vida y tenga que afrontarla volveré a ser una desgraciada. Y ya hace mucho tiempo que no soy feliz, necesito estos días, semanas o meses alejada de las preocupaciones de mi vida para mi precario equilibrio mental.

Capítulo I

He empezado a escribir en un Blog en internet. Estaba muy ilusionada con él, hasta ayer. Ayer, un amigo del msn me pidió que me casara con él. Me dijo que había leido mi blog y que ahora me conocía más a fondo. El problema es que todo lo que escribo es mentira, estoy hablando de cosas de mi pasado, de la época en la que tenía un trabajo y amigos. Pero ya no tengo nada de éso. Estoy en mi casa, encerrada desde hace meses, rodeada de suciedad, polvo, basuras tiradas por el suelo; soy una parada, no me lavo ni me ducho, no salgo a la calle nunca, no tengo amigos, sólo me queda internet. El dinero del banco se me está acabando. Después, la muerte?

Tengo ganas de hacer pis, aparto mi portatil de mi regazo a un lado en la cama, lo deposito encima de un montón de periódicos hecho jirones que reposan desde hace semanas sobre ella en un esquina. Aparto también el edredón blanco y las sábanas rosas que hace meses que no cambio. Es dificil salir, la cama está llena de artilugios de toda clase, pantalones cuidadosamente doblados, jeans, revistas, ropa sucia hecha bolas, páginas de proyectos de mis anteriores empleos, de los que he sido siempre despedida, anda un bote de un kilo de sal de mar, mi móvil, bolsas de plástico, una cámara digital que graba videos y el cable USB de conexion al pc, un bote de garbanzos de medio kilo, una tarjeta de móvil española, una bufanda unos cascos con micro, un sujetador rosa que está gris de tanta suciedad, folios con tarjetas de visitas impresas arrugados y los trapos de cocina que uso para pner bajo el plato cuando como frente al ordenador tumbada en la cama. Todo ésto del lado de la pared (muchos objetos de éstos han caido al suelo y están ahora recubiertas de polvo). Del otro lado, el espacio donde duermo, una toalla de playa negra (de un lado ya marrón) encima de la sábana y una almohada de saco de dormir negra. Al lado, una tabla apoyada sobre ese lado del sofa abierto que me sirve de cama. Esa tabla la uso para dormir cuando el dolor de espalda que padezco desde hace años me hace temer quedarme paralítica por no cuidarlo.

Estoy en bragas y sujetador, ambos sucios, yo misma sin lavarme desde hace por lo menos dos semanas, desde la última visita obligatoria a la oficina del paro, última vez que salí de mi encierro. Son las cinco y media de la tarde pero mis persianas están totalmente bajadas y todas las luces encendidas. Vivo en un bajo y temo que la luz del pc permita que se vea algo de mi casa desde el exterior. Que se vea el desorden y las basuras que hay por el suelo. Vivo en una mentira como siempre queriendo aparentar normalidad pese a todo. Incluso hay vecinos que dudan de que alguien viva aquí. Me pongo las pantunflas y camino sorteando obstáculos hacia el baño. Levanto la tapa y verifico el estado de la suciedad interior. Hace dos días eché bastante lejía y ahora el interior del vater se ve blanco, excepto en la zona frontal donde una capa de porquería marrón bastante ancha se resiste a desaparecer. La toqué con el desatascador y me pareció muy dura y gruesa. El lavabo está abarrotado de basuras, papeles y cartones de tintes del pelo, botellitas, grandes bolas de pelos, en una pasta que se ha formado ya que a pesar de esos objetos sobre él no he dejado de dar al agua de vez en cuando o soltar en él los restos de saliva y pasta tras cepillarme los dientes. Mientras me siento, miro al suelo. Un montón de bragas negras (son las que mejor se lavan por muy sucias que estén sin dejar restos de suciedad) sucias amontonado sobre los cartones redondos vacíos de papel higiénico que he ido tirando allí mismo en el suelo desde hace meses. Es un montón de porquería bastante alto ya. Del otro lado, unos diez botes vacíos de gel de ducha, una cacerola grande y una lámpara cuyo enchufe llega desde el baño hasta el salón. Hace ya más de un año que me quedé sin luz en el cuarto de baño, y por tanto sin agua caliente allí. Desde entonces con tal de no limpiar me he lavado llenando esa cazuela con agua caliente en el fregadero de la cocina cada mañana y vaciándola sobre una palangana de plástico que pongo en el suelo de la ducha, donde me arrodillo y me lavo. Termino. Verifico con satisfacción que aún me quedan muchos rollos de papel higiénico y que no será necesario salir de casa por ese motivo en los próximos días.

Vuelvo a mi cama, no tengo ninguna otra ocupación a la que dedicarme así que paso los días enteros (sin distinción de noche y de día) tirada en la cama navegando por internet con el ordenador, visitando foros, blogs, escribiendo cosas en mi propio blog. Hablando con los pocos contactos del MSN que hablan conmigo (nunca tengo nada que contar).

En mi blog he contado mi vida antes de mi despido, cuando me levantaba cada día, elegía mi ropa más bonita y elegante, me echaba cremas carísimas y me dirigía a mi trabajo, donde utilizaba palabras rimbombantes propias del profesional de la informática y persona culta que soy; también he hablado en mi blog de los proyectos que realizaba y dirigía, de mis compañeros de trabajo. Pese a utilizar la palabra “perdedor” muchas veces, en mi blog, siempre gano yo. Un día puse unas fotos de mis tetas. Les corté la cabeza, que salía horrible debido en primer lugar a lo fea que soy de cara y en segundo al pelo sucio tras semanas sin ser lavado, la caspa y la piel horrible que contrastaba con la de mi torso desnudo. Tras un poco de photoshop las puse en mi blog, aunque una semana más tarde las censuré con un gran cartel que las tapaba. Pero las pudieron ver los amigos de este chico, y luego él mismo. Por lo visto lo que cuento en mi blog suena muy bien, parezco muy “divina” (es tan sencillo parecer divina por internet), que él ha decidido que soy la persona adecuada para casarse y sentar ya la cabeza. Entre otras cosas, mis tetas fueron calificadas unánimemente como “increíblemente preciosas” (y lo son, pero photoshop ayudó también) por todos sus amigos y visitantes. Entre tetas bellísimas y el éxito profesional y social del que hablo en mi blog,se decidió a dar el paso de pedirme que nos casáramos.

Creo que una vez, hace mucho tiempo, yo le pedí lo mismo a él. Para huir, desesperada, de mi terrible soledad, de mi vida estéril, de mi tristeza y mi locura. Quizá lo ha recordado, y quizá en ese momento no fue consciente de lo terrible de mis motivos.